lunes, 9 de agosto de 2010

La risa

Siempre me fascinó el humor, la posibilidad de reír tan enteramente humana. Prácticamente todos los temas humanos pueden tratarse desde el humor, incluso los más solemnes, los más preocupantes. La risa es un capacidad exclusivamente nuestra porque es un reflejo de la interioridad y una respuesta al mundo, dos dimensiones siempre presentes en cada acto.
La risa, tiene un poder sublimante de miedos, de tensiones, todo lo que nos atemoriza es exorcizado por el humor.
La risa más importante es aquella que surge en las cosas cotidianas, no la del chiste o la de la genialidad, sino la risa complaciente, la que parece decir "qué bueno es estar acá" o "qué bueno es estar con vos". La risa cotidiana es aquella que aporta el aire renovado para encarar el oprobio de la rutina. La risa hace de cada momento, un momento nuestro. Y si sonreímos a alguien, ¿qué comunicación más perfecta?
Como un idioma vastísimo, nos reímos de cosas tan diversas y con tan variada intensidad que parece que la experiencia humana tiene en la risa la más profunda de sus expresiones. Imagínense por un momento todas las cosas que se pueden decir con una sonrisa, hagan una lista y verán que las posibilidades tienden a ser infinitas.
Resignar la sonrisa es perder gran parte de la intensidad de nuestro existir. Considerarla como un arma poderosa para vivir más intensamente es fundamental para hacernos mejores hombres y mujeres y afrontar nuestros miedos y nuestro tedio de la manera más humana posible.

Caminando por Esquiú me preguntaste porqué me reía. Te dije que era porque estaba con vos. Es curioso que, en la puerta de tu casa, me hayas dicho que tendría que reírme más. Caminé cuatro cuadras con la misma sonrisa que me diste. Todavía la tengo.

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