Si alguien quiere leer un compedio de dignidad, heroísmo e inteligencia, lea la Carta Abierta a la Junta Militar que el veinticuatro de marzo de 1977, exactamente un año después del día más triste de la historia de nuestra Argentina, Rodolfo Walsh (para quien no me alcanzan los epítetos de admiración) dirige a aquellos usurpadores ilegítimos del poder popular, que habían violado y ultrajado la Constitución de la Nación.
Además de recomendar su lectura urgente, transcribiré sólamente el fragmento que me motivó a pensar en esta entrada:
"...aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas (...)"
Walsh tenía una fe ciega en el levantamiento del Pueblo, en la Resistencia. Hemos tenido magnánimos ejemplos encarnados de esa fe, pero no valdría de nada citarlos sin la exhortación de no claudicar en esa lucha constante contra aquellos que destrozaron el país y masacraron una generación no sólo con represión militar, sino sometiendo al Pueblo al hambre, siendo los " apátridas... mercenarios sometidos a los intereses foráneos" y contra aquellos que hoy enarbolan su funesta bandera.
Los militares necesitaban un pueblo ignorante y pobre pero, sobre todo, un pueblo desesperanzado. ¡Porque la esperanza es el alimento y origen de la lucha, de la Resistencia!
Walsh, en nuestra cita, espera. La espera lo inunda y lo consuela. Así, como la caja de Pandora, que, una vez abierta, liberó todos los males del mundo, dejando en el fondo sólo la esperanza; así Rodolfo denuncia los males de estos tiranos y deja en lo profundo del Pueblo la exhortación y la misión de la Esperanza, hecha Revolución.
martes, 10 de febrero de 2009
lunes, 9 de febrero de 2009
Litterae non panem dant
Las letras no dan pan. La literatura no sirve para nada. Como creían Bioy y Borges y muchos, la literatura es inútil, salvo para el regocijo. Yo he leído; no tanto como quisiera, aunque si así fuera me volvería loco (qué locura más dulce).
Si la literatura no se disfruta, no se siente, no es agradable, no vale la pena leer. Pobres los eruditos, matan la vida con el análisis. Quizás por eso nunca estudié Letras.
Volvamos a la inutilidad; gracias a cierta corriente ética (el utilitarismo inglés) se nos ha instalado la monstruosa inquisición "¿y esto para qué sirve?" Todo tiene que tener un fin, una razón de ser instrumental; esto no puede ser otra cosa que el instinto de dominación en su germen. Y esto es parte del sentido común dominante, otra de las horribles causas (¿o consecuencias? ¿o ambas?) del capitalismo.
La gratuidad de la creación literaria, de la mera lectura esparcitiva hace que la literatura sea uno de los últimos baluartes de la humanidad pacífica, sana, tolerante, alejada del marketing de las editoriales y de los best sellers que se producen en masa.
Permitámonos leer por el hecho mismo que nos gusta. Permitámonos hacer aquellas cosas que no sirven para nada, para nada según los que intentan manipular, generar réditos, dominar.
La literatura es bastión de la fantasía, de nuestros niños interiores que gritan de hambre de libertad.
Como decía Cortázar, ya no me acuerdo en qué circunstancia: "los libros me hicieron pensar, y el pensamiento me hizo libre."
Si de libertad, pensamiento y fantasía se trata, veo justificada su inclusión en este blog. He aquí mi orgasmo literario.
Si la literatura no se disfruta, no se siente, no es agradable, no vale la pena leer. Pobres los eruditos, matan la vida con el análisis. Quizás por eso nunca estudié Letras.
Volvamos a la inutilidad; gracias a cierta corriente ética (el utilitarismo inglés) se nos ha instalado la monstruosa inquisición "¿y esto para qué sirve?" Todo tiene que tener un fin, una razón de ser instrumental; esto no puede ser otra cosa que el instinto de dominación en su germen. Y esto es parte del sentido común dominante, otra de las horribles causas (¿o consecuencias? ¿o ambas?) del capitalismo.
La gratuidad de la creación literaria, de la mera lectura esparcitiva hace que la literatura sea uno de los últimos baluartes de la humanidad pacífica, sana, tolerante, alejada del marketing de las editoriales y de los best sellers que se producen en masa.
Permitámonos leer por el hecho mismo que nos gusta. Permitámonos hacer aquellas cosas que no sirven para nada, para nada según los que intentan manipular, generar réditos, dominar.
La literatura es bastión de la fantasía, de nuestros niños interiores que gritan de hambre de libertad.
Como decía Cortázar, ya no me acuerdo en qué circunstancia: "los libros me hicieron pensar, y el pensamiento me hizo libre."
Si de libertad, pensamiento y fantasía se trata, veo justificada su inclusión en este blog. He aquí mi orgasmo literario.
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