miércoles, 20 de mayo de 2009

Democracia y Contradicción

He escrito que la vida es contradictoria. También que amo profundamente la democracia. Y es precisamente la congruencia de estas dos categorías en las que deben fundarse las relaciones, tanto en los ámbitos más populares como en el terreno político, donde no suelen considerarse las otras opiniones y se someten las decisiones a intereses económicos: el caso de los grupos sojeros es ilustrativo; piden lo mismo que rechazaron antaño, lo que demuestra que no hay ideas sino intereses.
Es precisamente la contradicción lo que genera el diálogo, es toda antítesis lo que genera las síntesis superadoras. Es el diálogo y el consenso lo que deben resolver las disputas sociales y políticas, no es la demostración de fuerzas o las fantasías megalómanas de la oposición en la Argentina. La contradicción es al debate como las ideas a los hombres, constitutivo. Pero para que la contradicción sea síntesis se requiere de la democracia y de las instituciones, sin ella, caerá en un estado anárquico, dada las egolatrías y ambiciones de poder.
La democracia no es la dictadura de la mayoría. No es la voluntad de la mayoría. Eso es una democracia tirana, dominante, excluyente, convertida en oligarquía. La democracia es el consenso, la aceptación del otro. Para ello requerimos el ejercicio de la autoriadad como servicio público y no como victoria política y de la oposición como construcción y no como intransigencia despótica.
La contradicción es fundamental de la Vida, y para que ella sea políticamente enriquecedora y no tirana, necesitamos de la democracia de base, elevada a sus instituciones.