Hoy me preguntaron qué era una utopía. Seguramente porque escucharon que, en determinadas circunstancias, mencioné que había visto varias de mis utopías realizadas. La primera impresión que nos genera la palabra es una situación o hecho imposible de darse en la realidad, lo utópico pasa a ser lo inasequible, la entelequia más pura. Pero no.
La utopía ha tenido exponentes gigantes a lo largo de la historia de la filosofía y del pensamiento: Platón, Agustín de Hipona, Tomás Moro, Charles Fourier, Simón Bolívar. Pero de nada sirve enumerar una lista tan heterogénea como renombrada si no empezamos a delinear mínimamente esos rasgos comunes que tienen estas propuestas.
La utopía no es lo imposible, al contrario, son visiones proyectadas con fuertes lazos con la realidad que se les presenta a sus autores. La utopía es el mejor de los mundos viables, sin embargo, eso es sólo el principio. Creo que esta es la característica fundamental de las utopías: siempre son perfectibles, es decir que, mientras más nos acercamos a ellas, más parecen alejarse. No tiene ésto una visión pesimista ni negativa, puesto que establece como posibles esas proyecciones que cada autor, cada sociedad se representan.
Las utopías tienen estados intermedios, pequeñas (o enormes) conquistas que han sido utópicas alguna vez y que hoy son reales. Esto demuestra que la instisfacción por no alcanzar el todo nos haga perder la vista sobre nuestras sencillas victorias. A estos triunfos a menor escala (como podrían ser la satisfacción total alimentaria de la población o el 0% de analfabetismo) me refería cuando hablaba de utopías realizadas.
Una forma muy común de cambatir las utopías de cambio es categorizarlas como imposibles. Son los que detentan la hegemonía, el poder opresivo de hoy los que nos quieren hacer pensar que las utopías son simples fantasías ilusorias y obsoletas. Obviamente, las utopías son los sueños de cambio, de más justicia, de mejor sociedad; todo esto imposible dado el estado de la situación actual, dominado por clases opresoras cuyo afán de poder y lucro es el principal motivo de tal condena. Un pueblo sin utopías es un pueblo que no cambia, y si no cambiamos seguiremos oprimidos.
No nos podemos quedar sin utopías, sería lo mismo renunciar a la esperanza, renunciar a los sueños. No dejemos que nos quiten nuestras utopías, recordemos que lo que hoy es real, alguna vez fue utópico.
Que sean nuestras utopías las que nos orienten hacia una sociedad más incluyente, más humana. Como dice el maestro Eduardo Galeano (cuyas palabras no recuerdo exactamente, espero no traicionar su sentido): las utopías son horizontes a los que nunca se llega, pero señalan hacia dónde caminar.
martes, 31 de agosto de 2010
lunes, 9 de agosto de 2010
La risa
Siempre me fascinó el humor, la posibilidad de reír tan enteramente humana. Prácticamente todos los temas humanos pueden tratarse desde el humor, incluso los más solemnes, los más preocupantes. La risa es un capacidad exclusivamente nuestra porque es un reflejo de la interioridad y una respuesta al mundo, dos dimensiones siempre presentes en cada acto.
La risa, tiene un poder sublimante de miedos, de tensiones, todo lo que nos atemoriza es exorcizado por el humor.
La risa más importante es aquella que surge en las cosas cotidianas, no la del chiste o la de la genialidad, sino la risa complaciente, la que parece decir "qué bueno es estar acá" o "qué bueno es estar con vos". La risa cotidiana es aquella que aporta el aire renovado para encarar el oprobio de la rutina. La risa hace de cada momento, un momento nuestro. Y si sonreímos a alguien, ¿qué comunicación más perfecta?
Como un idioma vastísimo, nos reímos de cosas tan diversas y con tan variada intensidad que parece que la experiencia humana tiene en la risa la más profunda de sus expresiones. Imagínense por un momento todas las cosas que se pueden decir con una sonrisa, hagan una lista y verán que las posibilidades tienden a ser infinitas.
Resignar la sonrisa es perder gran parte de la intensidad de nuestro existir. Considerarla como un arma poderosa para vivir más intensamente es fundamental para hacernos mejores hombres y mujeres y afrontar nuestros miedos y nuestro tedio de la manera más humana posible.
Caminando por Esquiú me preguntaste porqué me reía. Te dije que era porque estaba con vos. Es curioso que, en la puerta de tu casa, me hayas dicho que tendría que reírme más. Caminé cuatro cuadras con la misma sonrisa que me diste. Todavía la tengo.
La risa, tiene un poder sublimante de miedos, de tensiones, todo lo que nos atemoriza es exorcizado por el humor.
La risa más importante es aquella que surge en las cosas cotidianas, no la del chiste o la de la genialidad, sino la risa complaciente, la que parece decir "qué bueno es estar acá" o "qué bueno es estar con vos". La risa cotidiana es aquella que aporta el aire renovado para encarar el oprobio de la rutina. La risa hace de cada momento, un momento nuestro. Y si sonreímos a alguien, ¿qué comunicación más perfecta?
Como un idioma vastísimo, nos reímos de cosas tan diversas y con tan variada intensidad que parece que la experiencia humana tiene en la risa la más profunda de sus expresiones. Imagínense por un momento todas las cosas que se pueden decir con una sonrisa, hagan una lista y verán que las posibilidades tienden a ser infinitas.
Resignar la sonrisa es perder gran parte de la intensidad de nuestro existir. Considerarla como un arma poderosa para vivir más intensamente es fundamental para hacernos mejores hombres y mujeres y afrontar nuestros miedos y nuestro tedio de la manera más humana posible.
Caminando por Esquiú me preguntaste porqué me reía. Te dije que era porque estaba con vos. Es curioso que, en la puerta de tu casa, me hayas dicho que tendría que reírme más. Caminé cuatro cuadras con la misma sonrisa que me diste. Todavía la tengo.
martes, 3 de agosto de 2010
Espanto
Nuevamente mi comentario apuntará al accionar del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires encabezado por Mauricio Macri. Pero permítanme no argumentar sólidamente, exímanme del rigor de la coherencia, absuélvanme en el juicio de la precisión léxica y la cuantificable ortografía.
Basta señor Macri. Su política de denunciar a los padres cuyos hijos están en situación de calle con la figura jurídica de abandono de persona es la más lamentable que ha tomado desde que asumió. Las razones parecen ser la eventual responsabilidad de los padres ante la falta de cobertura de necesidades básicas de pibes escolarizados. Los funcionarios porteños del ¡Ministerio de Desarrollo Social! a cargo de la Lic. María Eugenia Vidal entienden que pueden presentar demandas penales contra los padres que no cumplen su obligación o que descuidan a sus hijos.
Estas presentaciones judiciales pretenden esquivar responsabilidad como funcionario, prentenden "cubrirse" legalmente, argumentando que están cumpliendo con su deber. Cubrirse es de cagones señores y señoras. Ustedes, funcionarios, son los que deben ser denunciados por abandonar a las 20 mil personas que Buenos Aires tiene en sus calles. No sólo su política de reprimir (la ley puede tomarse como instrumento de represión de las clases hegemónicas, el que me diga comunista por esto que lea a Rousseau) y criminalizar la pobreza atribuyendo a los pobres su propia responsabilidad por ser pobres; sino que la multiplicación de ciudadanos en la calle se ha debido a su política de desalojos, limpieza del espacio público, y demás patoteriles episodios como los protagonizados por la UCEP y la novel, pero no menos fascista, Polícía Metropolitana.
Ellos expulsaron a los pobres a la calle, ellos reprimieron a los que ya estaban ahí y ahora ellos con sus caras rubias y estudios de abogados los criminalizan, desplazando la responsabilidad del abandono a quien ya ha sido abandonado. ¿Cómo pueden, señor Macri, velar por la salud y alimentación de sus hijos si políticas como la suya los han excluido y pauperizado cada vez más, al punto de llegar a consideralos delincuentes por no tener para comer, ni cómo abrigarse, ni un techo que no sea la autopista?
Me gustaría pensar que Ud. y sus subordinados son una legión de imbéciles e incompetentes, eso los eximiría de cierta responsabilidad. Son una legión de perversos, que miran el servicio público como una herramienta para conservar su situación de privilegio y no como la posibilidad de dignificar a nuestros hermanos y conciudadanos.
Basta señor Macri. Su política de denunciar a los padres cuyos hijos están en situación de calle con la figura jurídica de abandono de persona es la más lamentable que ha tomado desde que asumió. Las razones parecen ser la eventual responsabilidad de los padres ante la falta de cobertura de necesidades básicas de pibes escolarizados. Los funcionarios porteños del ¡Ministerio de Desarrollo Social! a cargo de la Lic. María Eugenia Vidal entienden que pueden presentar demandas penales contra los padres que no cumplen su obligación o que descuidan a sus hijos.
Estas presentaciones judiciales pretenden esquivar responsabilidad como funcionario, prentenden "cubrirse" legalmente, argumentando que están cumpliendo con su deber. Cubrirse es de cagones señores y señoras. Ustedes, funcionarios, son los que deben ser denunciados por abandonar a las 20 mil personas que Buenos Aires tiene en sus calles. No sólo su política de reprimir (la ley puede tomarse como instrumento de represión de las clases hegemónicas, el que me diga comunista por esto que lea a Rousseau) y criminalizar la pobreza atribuyendo a los pobres su propia responsabilidad por ser pobres; sino que la multiplicación de ciudadanos en la calle se ha debido a su política de desalojos, limpieza del espacio público, y demás patoteriles episodios como los protagonizados por la UCEP y la novel, pero no menos fascista, Polícía Metropolitana.
Ellos expulsaron a los pobres a la calle, ellos reprimieron a los que ya estaban ahí y ahora ellos con sus caras rubias y estudios de abogados los criminalizan, desplazando la responsabilidad del abandono a quien ya ha sido abandonado. ¿Cómo pueden, señor Macri, velar por la salud y alimentación de sus hijos si políticas como la suya los han excluido y pauperizado cada vez más, al punto de llegar a consideralos delincuentes por no tener para comer, ni cómo abrigarse, ni un techo que no sea la autopista?
Me gustaría pensar que Ud. y sus subordinados son una legión de imbéciles e incompetentes, eso los eximiría de cierta responsabilidad. Son una legión de perversos, que miran el servicio público como una herramienta para conservar su situación de privilegio y no como la posibilidad de dignificar a nuestros hermanos y conciudadanos.
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