Tengo 25 años. He vivido toda mi vida en Democracia. Sé muy bien que es un tema trillado, que hoy todo el mundo parece defenderla cuando, en realidad, la vapulean sin piedad.
Las formas de gobierno democráticas se diferencian de las tiranas, ante todo, en el respeto a la libertad. Digamos que la democracia es la legalidad de la libertad, es el ejercicio de la igualdad de derecho.
Como saben, dicha igualdad de derecho suele menguarse con la injusticia de hecho: la injusticia de la pobreza, la injusticia que la tiranía del Mercado lleva a los estómagos y a las cabezas, la injusticia de la imposibilidad de trasladar el espíritu democrático a las relaciones sociales.
La Democracia no debe permitir la injusticia del capitalismo y del neoliberalismo, y mientras exista esta inequidad intrínseca, nuestro sistema no podrá desarrollarse en plenitud.
Después de esto, es fácil deducir que el problema no está en la democracia, sino en las doctrinas económicas que nos oprimen. Las soluciones a estos sistemas han sacrificado a la democracia, han matado el perro para curar la rabia. ¡No! No se puede gobernar tiranamente en nombre de la justicia.
Para matar esa rabia no hace falta más que más Democracia: democratizar nuestras relaciones, que no es otra cosa que dejar de someterlas al intercambio, a la utilidad y, sobre todo, a la intolerancia. El primero de estos vicios de las relaciones humanas tiene que ver, nuevamente (y pidiendo perdón por la insistencia) con la idelogía de mercado y su dogma de comercialización de la vida, la Vida toda; obviamente incluyendo la política y el amor.
El segundo de estos vicios tiene que ver con el utilitarismo, concepción que he criticado en muchas ocasiones y cuya reducción falaz y monstruosa de las personas a cosas manipulables y a instrumentos de uso (que casualmente se comercializan); hace imposible la convivencia de iguales.
El tercero es el, a priori, más antidemocrático: la intolerancia esconde xenofobia, egoísmo, desprecio por la vida humana. Creo que deberé ahondar sobre esto más adelante, pero me quedo con algo: la intolerancia es nuestro fascismo a menor escala; los gobiernos autoritarios se apoyan en bases autoritarias. Los gobiernos democráticos deben apoyarse en sociedades democráticas.
Construyamos la democracia todos los días, desde abajo, haciendo política. Democraticémonos.
sábado, 14 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
