Como es de público conocimiento, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, encabezado por el Ing. Mauricio Macri, ha instaurado un sistema de vigilancia comunal para las infracciones de tránsito. Tal mecanismo consiste en la simple denuncia de cualquier vecino de la Ciudad de una falta presenciada y debidamente documentada (con la certeza irrefutable de una cámara digital) de otro vecino o conductor. Tal "documentación" debe ser enviada, junto con los datos del denunciante, por otro medio extremadamente riguroso e infalsificable como lo es el correo electrónico. En el primer día se registraron 99 denuncias de igual cantidad de "vigilantes" que, cumpliendo con su deber ciudadano, enviaron las pruebas de la infracción que demostraban el hecho.
Macri nos ha convertido en vigilantes de nosotros mismos. La solidaridad comunal, que debe ser fundamento de la sociedad y más aún de una Ciudad de Buenos Aires, sostenida por la tradición de sus Barrios, generadores de identidades; está cercenada por un espíritu de inquisición permanente, por la destrucción de toda base social que genere consensos. No hay una concepción más individualista, sesgadora, que la de un gobierno que nos quiere hacer creer que los otros son el enemigo. Un enemigo vil que viola mis derechos y del que este Estado Bueno me tiene que defender, pues he aquí su única razón de existir.
Sin embargo, estos vigilantes esconden una versión más profunda del terror: la de nuestros terrorismos a pequeña escala. Era muy común en épocas de negras dictaduras acudir a vecinos de "bien" para obtener información sobre "la subversión." Los autoritarismos de la clase mierda tradicional argentina facilitaron y colaboraron con los terroristas de Estado. "Denuncie a los infractores" es comparable con el "algo habrán hecho" o " a mí no me pasó nada" pues generan una vigilancia del Estado represor a una escala tan pequeña que el peso de sus brazos burocráticos hacen inasequible.
Minar la solidaridad social transformando a las personas en individuos vigilantes, delegando en ellos el monopolio de una de las atribuciones exclusivas del Estado como un todo, es expandir el ejemplarismo, la persecución, el autoritarismo a pequeña escala, que son sumamente funcionales a un gobierno que, por más democrática que sea su naturaleza, tiene más puntos convergentes con dictaduras asesinas que con gobiernos legítimos.
martes, 15 de junio de 2010
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