Me he sentido vacío, vano, nimio, estupefacto, irracional, incoherente, abstruso. He experimentado tantos absurdos que el sentido de las cosas, su ser mismo, se convirtió en un cúmulo de voces inconexas, un mundo reducido a un punto.
Pero déjenme hacer mi elogio. Erasmo pretendía elogiar la locura, dar espacio a la sandez en oposición a las sabias conjeturas, a las doctas filosofías, a los discursos absolutos.
Yo quiero elogiar al absurdo, al sinsentido.
Durante mucho tiempo hemos construido un mundo serio, coherente, un todo estructurado que no pretende otra cosa que preveer sensaciones, comportamientos; nos olvidamos que existe un universo de experiencias que no pueden preveerse , ni siquiera significarse: no se pueden incluir en el mundo concebido, no son partes de ese todo.
Precisamente veo en ellas la posibilidad de la angustia, de la intensidad, del amor, de lo Sagrado, de la Vida. La vida es absurda, ¡en sí contiene la muerte! No estamos sino plagados de contradicciones, las hemos negado tanto... Permitámonos ser contradictorios, simplemente estemos juntos. Abrir el pecho y enfrentarnos a lo Absurdo es experimentar el sinsentido, la imposibilidad de avanzar, la garganta contenida, las lágrimas catarateando.
¡Cuánta valentía es necesaria para admitir nuestros absurdos!
Si la vida es un plexo de sentidos, anteriormente es un caos de absurdos. Sólo en el vaciamiento, podemos resignificar, resemantizar. Sólo en la ebriedad del Absurdo podemos valorar, comprender, vivir la sobriedad de los significados.
Necesitamos al Absurdo para ser, para experimentar la Vida en toda sus dimensiones. No lo neguemos. No nos neguemos.
jueves, 27 de noviembre de 2008
jueves, 20 de noviembre de 2008
"Son putas porque les gusta..."
"Son putas porque les gusta". Hay pocas expresiones que me irritan tanto como esta. La he escuchado de tantos hombres y (más triste aún) de muchas mujeres que parece que es de sentido común. Y por eso lo comento. Porque el sentido común muchas veces es una legitimación de las miserias que tenemos como personas y como sociedad.
En discusiones con mis amigos escucho los argumentos que pretenden sostener esta tesis nefasta: el supuesto placer que estas mujeres sienten, el rédito económico que obtienen (notoriamente superior a una operaria o, incluso, a una profesional), la posibilidad de vivir "de fiesta"... Estas consideraciones no son más que prolongaciones de ese narcisismo peneano que nos hace creer que podemos dominar el mundo con erecciones. Yo suelo preguntarles: "¿en verdad pensás que lo disfrutan?". Las respuestas sostienen la vieja pretensión masculina de la satisfacción de la mujer como autoafirmación egoísta y no como entrega verdadera de uno mismo.
Se desconoce que muchas de estas mujeres provienen realmente de una situación marginal, donde las posibilidades económicas se reducen a cero. Muchas veces con varios hijos, no tienen otra salida que reducirse a un objeto de consumo. Está sometidas a una situación de exclusión y de opresión que no deja margen para su libertad, que las mercantiliza como lo hace con absolutamente todas las actividades humanas.
La ganancia que tienen no es sino otra excusa para tranquilizar conciencias. ¿Todas cobran fortunas? ¿todas tienen como clientes a políticos y empresarios? Nuevamente la identificación fálica con el poder hace que hasta los hombres con menores recursos pretendan verlas como millonarias.
Malditos los hombres que hacen de una persona una cosa, es la peor de las miserias humanas. Maldito el sistema que oprime y esclaviza.
En discusiones con mis amigos escucho los argumentos que pretenden sostener esta tesis nefasta: el supuesto placer que estas mujeres sienten, el rédito económico que obtienen (notoriamente superior a una operaria o, incluso, a una profesional), la posibilidad de vivir "de fiesta"... Estas consideraciones no son más que prolongaciones de ese narcisismo peneano que nos hace creer que podemos dominar el mundo con erecciones. Yo suelo preguntarles: "¿en verdad pensás que lo disfrutan?". Las respuestas sostienen la vieja pretensión masculina de la satisfacción de la mujer como autoafirmación egoísta y no como entrega verdadera de uno mismo.
Se desconoce que muchas de estas mujeres provienen realmente de una situación marginal, donde las posibilidades económicas se reducen a cero. Muchas veces con varios hijos, no tienen otra salida que reducirse a un objeto de consumo. Está sometidas a una situación de exclusión y de opresión que no deja margen para su libertad, que las mercantiliza como lo hace con absolutamente todas las actividades humanas.
La ganancia que tienen no es sino otra excusa para tranquilizar conciencias. ¿Todas cobran fortunas? ¿todas tienen como clientes a políticos y empresarios? Nuevamente la identificación fálica con el poder hace que hasta los hombres con menores recursos pretendan verlas como millonarias.
Malditos los hombres que hacen de una persona una cosa, es la peor de las miserias humanas. Maldito el sistema que oprime y esclaviza.
domingo, 16 de noviembre de 2008
Intensidad
Creo que la tarea de repensar no es otra que la de vivir. Más bien, indagar si estamos viviendo como queremos o si estamos siendo presos de la vorágine y de la masificación. Es una estupidez pensar que tendremos libertad absoluta e incondicionada, así estaríamos solos en el mundo y no hay peor infierno, salvo la desesperanza.
Pensemos si en verdad somos lo que queremos ser, ese es el significado de la intensidad. Sólo podemos vivir intensamente si maximizamos la experiencia que nos acontece y si nos lanzamos totalmente cuando creamos. En este doble juego de padecer (en el sentido en que el mundo viene sobre nosostros, el pathos griego) y hacer nos producimos, surgimos, florecemos en el ser-nosotros.
Sólo la intensidad nos saca del absurdo del dolor. Precisamente, cuando la angustia inunda (o en el peor de los casos, se contiene) es la intensidad la que nos da cuenta de la vida que estamos viviendo. Y creo que (optimismo mediante para algunos) la Vida tiene la gloria de la satisfacción a pesar del dolor. En otras palabras, aún si algo nos hiere en lo profundo, con la intensidad que todos hemos experimentado, es el hecho de sentirnos vivos y de vivir lo que nos obliga a salir al mundo, a conquistar esa vida que padecemos, a volver a sentir la intensidad del hacer, pero sobre todo la del ser-nosotros.
El dolor intenso nos hace padecer la Vida, y nos empuja a la Vida, a su gloria, la nuestra.
Pensemos si en verdad somos lo que queremos ser, ese es el significado de la intensidad. Sólo podemos vivir intensamente si maximizamos la experiencia que nos acontece y si nos lanzamos totalmente cuando creamos. En este doble juego de padecer (en el sentido en que el mundo viene sobre nosostros, el pathos griego) y hacer nos producimos, surgimos, florecemos en el ser-nosotros.
Sólo la intensidad nos saca del absurdo del dolor. Precisamente, cuando la angustia inunda (o en el peor de los casos, se contiene) es la intensidad la que nos da cuenta de la vida que estamos viviendo. Y creo que (optimismo mediante para algunos) la Vida tiene la gloria de la satisfacción a pesar del dolor. En otras palabras, aún si algo nos hiere en lo profundo, con la intensidad que todos hemos experimentado, es el hecho de sentirnos vivos y de vivir lo que nos obliga a salir al mundo, a conquistar esa vida que padecemos, a volver a sentir la intensidad del hacer, pero sobre todo la del ser-nosotros.
El dolor intenso nos hace padecer la Vida, y nos empuja a la Vida, a su gloria, la nuestra.
sábado, 8 de noviembre de 2008
Repensando el amor III
Cynthia agradezco mucho tu comentario. Esta entrada es hija de él. A quienes lean les ruego lo mismo, esto pretende ser diálogo y no monólogo.
El amor sujeto a los cuestiones sociales. Como todo, la influencia de la cultura en las dimensiones más importantes de la vida humana. No quiero caer en el culturalismo de muchos antropólogos, desde ya que creo en la condición humana como algo dinámico, pero peculiar dentro del universo. Me refiero a que este amor que estamos repensando es el amor en la cultura occidental, fuertemente influenciada por el cristianismo y por el capitalismo (prescindamos, por ahora, de juicios de valor).
Me declaro un monógamo. Si bien es posible en ciertas sociedades la existencia de una vivencia del amor a nivel grupal, es la exclusividad lo que hace al amor tal. La maravilla de una persona y el milagro de su existencia responden a una unión a la que bien están convocados ambos. Así, y si es verdad que el amor implica una reciprocidad misteriosa y concretísima, sólo es posible su existencia de la mano de la entrega total. Y esa entrega no admite terceros. Muchas veces la poligamia ha sido una justifiación religiosa a la explotación de la mujer.
Sin embargo, y con todo, no pretendo rotular al amor. Desde siempre nos han dicho que somos "amigos", "novios", "esposos" y hasta "amantes". Nunca entendí las etiquetas al amor. Evitémoslas. Que no hayan imposiciones sociales que nos digan cómo amar. Precisamente, ¡el amor se hace de a dos, no de a 30 millones!
Las relaciones estereotipadas suelen caer en la trampa de los celos, pero de ellos me ocuparé en otra ocasión. La fidelidad es condición necesaria de la entrega, pero no es siquiera tema recurrente para el amante, no es una idea que deba cuestionarse, puesto que es un a priori y una condición sine qua non en el amor. Si éste cae, el perdón es urgente, y no hay mayor muestra de entrega. Cynthia me decía: "¿y si pensásaramos en una relación de respeto muto y no de posesión?"
Creo que la posesión del amor es el principal riesgo para el amante: es la total malversación de la entrega, que se hace autosatisfacción.
Reconocer al otro en su libertad y en su condición de amante es el primer paso para amar en el sentido pleno de la palabra.
Amemos al otro, reconociendo el milagro humano de su existencia.
El amor sujeto a los cuestiones sociales. Como todo, la influencia de la cultura en las dimensiones más importantes de la vida humana. No quiero caer en el culturalismo de muchos antropólogos, desde ya que creo en la condición humana como algo dinámico, pero peculiar dentro del universo. Me refiero a que este amor que estamos repensando es el amor en la cultura occidental, fuertemente influenciada por el cristianismo y por el capitalismo (prescindamos, por ahora, de juicios de valor).
Me declaro un monógamo. Si bien es posible en ciertas sociedades la existencia de una vivencia del amor a nivel grupal, es la exclusividad lo que hace al amor tal. La maravilla de una persona y el milagro de su existencia responden a una unión a la que bien están convocados ambos. Así, y si es verdad que el amor implica una reciprocidad misteriosa y concretísima, sólo es posible su existencia de la mano de la entrega total. Y esa entrega no admite terceros. Muchas veces la poligamia ha sido una justifiación religiosa a la explotación de la mujer.
Sin embargo, y con todo, no pretendo rotular al amor. Desde siempre nos han dicho que somos "amigos", "novios", "esposos" y hasta "amantes". Nunca entendí las etiquetas al amor. Evitémoslas. Que no hayan imposiciones sociales que nos digan cómo amar. Precisamente, ¡el amor se hace de a dos, no de a 30 millones!
Las relaciones estereotipadas suelen caer en la trampa de los celos, pero de ellos me ocuparé en otra ocasión. La fidelidad es condición necesaria de la entrega, pero no es siquiera tema recurrente para el amante, no es una idea que deba cuestionarse, puesto que es un a priori y una condición sine qua non en el amor. Si éste cae, el perdón es urgente, y no hay mayor muestra de entrega. Cynthia me decía: "¿y si pensásaramos en una relación de respeto muto y no de posesión?"
Creo que la posesión del amor es el principal riesgo para el amante: es la total malversación de la entrega, que se hace autosatisfacción.
Reconocer al otro en su libertad y en su condición de amante es el primer paso para amar en el sentido pleno de la palabra.
Amemos al otro, reconociendo el milagro humano de su existencia.
domingo, 26 de octubre de 2008
Deseando... (Repensando al amor II)
No quiero arrogarme la facultad de hablar de todo, incluso de lo que he escrito anteriormente. Sin embargo, a la hora de hablar del deseo siento, por primera vez, la necesidad de aclararlo.
El deseo nos hace salir al mundo, construimos con él nuestras relaciones y configuramos nuestros espacios. Deseamos lo que nos resulta misterioso, ya Platón decía que se desea lo que no se tiene. Pero me parece que necesitamos otra perspectiva del tema.
Nos han hecho creer que el deseo es inmoral o, en el mejor de los casos, egoísta. ¡No! ¡El deseo nos hace nosotros! Y sólo si somos nosotros podemos entregarnos.
Como he dicho, el deseo nos hace salir hacia afuera, es la antena que capta el llamado de lo existente; deseamos el mundo, y deseamos un mundo nuevo que, sin el deseo, es imposible concebir, crear, siquiera imaginar.
El deseo es un salir de nosotros siendo nosotros, ahí radica su maravilla. El deseo posibilita la entrega sin la aniquilación, en otras palabras, hace que la donación sea una fuente de vida que mana sin la censura del hedonismo, tomado éste en su acepción más común.
Hablaba con Ana sobre los deseos que pedíamos cuando soplábamos las velitas o cuando encontrábamos un panadero.
Los niños son los seres deseantes por excelencia. Son todo deseo, son ellos creando el mundo en el que vivirán. Cuán triste es saber que no somos ni migajas de lo que deseábamos cuando niños.
Benditas las expresiones del deseo, bendita la exhuberancia de la vida que se desea.
Los paradigmas actuales acentúan el deseo en su objeto (gracias Freud). ¡Grave error! El deseo se centra en el Deseante, que se realiza y realiza en el deseo.
El deseo nos hace salir al mundo, construimos con él nuestras relaciones y configuramos nuestros espacios. Deseamos lo que nos resulta misterioso, ya Platón decía que se desea lo que no se tiene. Pero me parece que necesitamos otra perspectiva del tema.
Nos han hecho creer que el deseo es inmoral o, en el mejor de los casos, egoísta. ¡No! ¡El deseo nos hace nosotros! Y sólo si somos nosotros podemos entregarnos.
Como he dicho, el deseo nos hace salir hacia afuera, es la antena que capta el llamado de lo existente; deseamos el mundo, y deseamos un mundo nuevo que, sin el deseo, es imposible concebir, crear, siquiera imaginar.
El deseo es un salir de nosotros siendo nosotros, ahí radica su maravilla. El deseo posibilita la entrega sin la aniquilación, en otras palabras, hace que la donación sea una fuente de vida que mana sin la censura del hedonismo, tomado éste en su acepción más común.
Hablaba con Ana sobre los deseos que pedíamos cuando soplábamos las velitas o cuando encontrábamos un panadero.
Los niños son los seres deseantes por excelencia. Son todo deseo, son ellos creando el mundo en el que vivirán. Cuán triste es saber que no somos ni migajas de lo que deseábamos cuando niños.
Benditas las expresiones del deseo, bendita la exhuberancia de la vida que se desea.
Los paradigmas actuales acentúan el deseo en su objeto (gracias Freud). ¡Grave error! El deseo se centra en el Deseante, que se realiza y realiza en el deseo.
martes, 21 de octubre de 2008
Repensando el amor
Una amiga me dijo que deberíamos repensar el amor, construirlo nuevamente. Repensemos entonces, pero denunciando las banalizaciones del amor en las que vivimos, destruyamos lo inhumano y plantemos la semilla de lo nuevo.
Hay, hace tiempo, una reacción estúpida a la mera superficialidad contemporánea de la "belleza extrerior". Esta reacción supone que "lo importante es lo de adentro" y que no hay que dejarse guiar por los ojos.
No. El problema de la belleza exterior y de esta reacción romanticona es la división. No existe lo de adentro y lo de afuera, las personas no son dos, son una. Y es mentira que no hay que hacerle caso a los ojos. La atracción es sensorial en múltiples aspectos, nos sentimos atraidos por alguien al verlo caminar o al escucharla hablar. Esas son cuestiones físicas: un paso elegante y un tono seductor son características "externas" denostadas por ese espiritualismo absurdo.
Creo que es oportuno aclarar que no hablo de "belleza". Esta idea merece una entrada en sí y la agregaré más adelante.
He utilizado la palabra atracción. Es una de las cualidades intrínsecas al amor: al amor atrae, une, liga, amarra. Esa atracción inicial que podemos sentir por causas vastísimas o nimias, nos impulsa a volver la atención hacia alguien y, sobre todo, hace a ese alguien, Alguien, una persona en todo sentido que se ha diferenciado. ¿Cómo se produce esto? Es simple, un persona reconoce la unicidad de otra, percibe que esa otra está ahí antes que nadie y contempla una particularidad y una peculiaridad que, hasta ahora, había pasado desapercibida.
Suele ocurrir que nos atraen ciertos aspectos de una persona y existen otros que nos producen rechazo. El problema está, nuevamente, en escindir. No nos atraen las características, nos atrae la persona en todas sus dimensiones. Si sesgamos, no estamos la reconociendo como tal sino como un conjunto de cosas que nos gustan. Nadie pretende juzgar, pero quien quiera esto, que sea conciente de que lo está haciendo.
Lo novedoso está en el acento que se pone en la relación misma y no en quien es atraido. No tenemos listas de cosas que los otros deben poseer para que nos sintamos ligados, y si las tenemos, nunca llegaremos a estar con nadie, sino solos con nuestras preferencias.
No estamos hablando de amor todavía, pero la atracción es su génesis.
Hay, hace tiempo, una reacción estúpida a la mera superficialidad contemporánea de la "belleza extrerior". Esta reacción supone que "lo importante es lo de adentro" y que no hay que dejarse guiar por los ojos.
No. El problema de la belleza exterior y de esta reacción romanticona es la división. No existe lo de adentro y lo de afuera, las personas no son dos, son una. Y es mentira que no hay que hacerle caso a los ojos. La atracción es sensorial en múltiples aspectos, nos sentimos atraidos por alguien al verlo caminar o al escucharla hablar. Esas son cuestiones físicas: un paso elegante y un tono seductor son características "externas" denostadas por ese espiritualismo absurdo.
Creo que es oportuno aclarar que no hablo de "belleza". Esta idea merece una entrada en sí y la agregaré más adelante.
He utilizado la palabra atracción. Es una de las cualidades intrínsecas al amor: al amor atrae, une, liga, amarra. Esa atracción inicial que podemos sentir por causas vastísimas o nimias, nos impulsa a volver la atención hacia alguien y, sobre todo, hace a ese alguien, Alguien, una persona en todo sentido que se ha diferenciado. ¿Cómo se produce esto? Es simple, un persona reconoce la unicidad de otra, percibe que esa otra está ahí antes que nadie y contempla una particularidad y una peculiaridad que, hasta ahora, había pasado desapercibida.
Suele ocurrir que nos atraen ciertos aspectos de una persona y existen otros que nos producen rechazo. El problema está, nuevamente, en escindir. No nos atraen las características, nos atrae la persona en todas sus dimensiones. Si sesgamos, no estamos la reconociendo como tal sino como un conjunto de cosas que nos gustan. Nadie pretende juzgar, pero quien quiera esto, que sea conciente de que lo está haciendo.
Lo novedoso está en el acento que se pone en la relación misma y no en quien es atraido. No tenemos listas de cosas que los otros deben poseer para que nos sintamos ligados, y si las tenemos, nunca llegaremos a estar con nadie, sino solos con nuestras preferencias.
No estamos hablando de amor todavía, pero la atracción es su génesis.
viernes, 17 de octubre de 2008
El conservadurismo
No puedo ser indiferente a la situación internacional. Los gobiernos imperiales del mundo se han propuesto salvar al capitalismo del que hasta ahora había sido su aliado más letal: el Neoliberalismo. Esta ideología, injusta desde su génesis, pues admite la existencia de la pobreza en pos de la ganancia de unos pocos, propone la ausencia total de intervención, dejando todo en manos del Mercado.
Y este Mercado ha hecho de las suyas: millones de pobres en el mundo, mucha más extensa la brecha social, nuevas necesidades superfluas que hacen que algunos derrochen cuando otros se mueren de hambre.
Muchos piensan que estos gobiernos Neoliberales ha traicionado sus ideas al intervenir. ¡Pero no! Han llegado al colmo de la idolatría del Mercado, han hecho a sus contribuyentes pagar las deudas asumidas por las corporaciones rapaces que han buscado ganancias cada vez más altas sin importar ninguna consecuencia. Nuevamente el Mercado es el que sale victorioso. El que dijo que este es el fin del capitalismo es un ingenuo en el sentido total de la palabra.
Este tipo de medidas, tendientes a conservar el statu quo no son otra cosa que la muestra más evidente de las corrientes conservadoras que buscan mantener posiciones de dominación y legitimar esta injusticia que es la dictadura del Mercado. Si el capitalismo y el neoliberalismo favorecen al corporativismo internacional y a las esferas de poder, es previsible que se intente conservarlos.
Dicho conservadurismo, expresado por tendencias de derecha, no es otra cosa que la defensa (muchas veces en su acepción militar) de las concentraciones de poder y capital. Si nuestra sociedad hoy es injusta, debe cambiarse. Ese cambio jamás va a ser permitido por la derecha tradicionalista, empresaria, militar, religiosa, capitalista, corporativista.
El conservadurismo, entonces, no deja desplegar el cambio histórico, al contrario, lo niega así como a la Historia.
El conservadurismo, entonces, es esencialmente injusto.
Y este Mercado ha hecho de las suyas: millones de pobres en el mundo, mucha más extensa la brecha social, nuevas necesidades superfluas que hacen que algunos derrochen cuando otros se mueren de hambre.
Muchos piensan que estos gobiernos Neoliberales ha traicionado sus ideas al intervenir. ¡Pero no! Han llegado al colmo de la idolatría del Mercado, han hecho a sus contribuyentes pagar las deudas asumidas por las corporaciones rapaces que han buscado ganancias cada vez más altas sin importar ninguna consecuencia. Nuevamente el Mercado es el que sale victorioso. El que dijo que este es el fin del capitalismo es un ingenuo en el sentido total de la palabra.
Este tipo de medidas, tendientes a conservar el statu quo no son otra cosa que la muestra más evidente de las corrientes conservadoras que buscan mantener posiciones de dominación y legitimar esta injusticia que es la dictadura del Mercado. Si el capitalismo y el neoliberalismo favorecen al corporativismo internacional y a las esferas de poder, es previsible que se intente conservarlos.
Dicho conservadurismo, expresado por tendencias de derecha, no es otra cosa que la defensa (muchas veces en su acepción militar) de las concentraciones de poder y capital. Si nuestra sociedad hoy es injusta, debe cambiarse. Ese cambio jamás va a ser permitido por la derecha tradicionalista, empresaria, militar, religiosa, capitalista, corporativista.
El conservadurismo, entonces, no deja desplegar el cambio histórico, al contrario, lo niega así como a la Historia.
El conservadurismo, entonces, es esencialmente injusto.
miércoles, 1 de octubre de 2008
La finitud
Sin dudas el carácter de finitos nos hace humanos. Somos temporales y espaciales, vivimos el tiempo y nos apoderamos de los espacios; sin embargo, es la experiencia de finitud la que nos da cuenta de nuestra propia existencia.
Sentimos realmente que estamos en este mundo cuando experimentamos en la piel nuestros límites, nuestras imperfecciones, nuestros errores, aquello que nos pone en contacto con nosotros, aquello que nos hace pensar y pensarnos, sentir y sentirnos más profundamente que en cualquier otra situación.
Podemos decir "yo" cuando contactamos ese yo, cuando volvemos hacia nosotros y volvemos en el límite. El límite nos hace humanos porque ilimitados son los dioses; nosotros que trasncurrimos poseemos la tentación de creernos infinitos, omnipotentes. Y el límite nos hace necesitados y la necesidad de otros es condición esencial de la vida.
El límites nos hace sentirnos y nos lleva a los otros. No era tan malo después de todo...
Sentimos realmente que estamos en este mundo cuando experimentamos en la piel nuestros límites, nuestras imperfecciones, nuestros errores, aquello que nos pone en contacto con nosotros, aquello que nos hace pensar y pensarnos, sentir y sentirnos más profundamente que en cualquier otra situación.
Podemos decir "yo" cuando contactamos ese yo, cuando volvemos hacia nosotros y volvemos en el límite. El límite nos hace humanos porque ilimitados son los dioses; nosotros que trasncurrimos poseemos la tentación de creernos infinitos, omnipotentes. Y el límite nos hace necesitados y la necesidad de otros es condición esencial de la vida.
El límites nos hace sentirnos y nos lleva a los otros. No era tan malo después de todo...
jueves, 25 de septiembre de 2008
El conocimiento del Mundo
Uno de los mayores interrogantes que se plantearon los hombres y las mujeres en la historia es si, efectivamente, podemos llegar a la verdad. Esta cuestión fue siempre muy disputada, y muchos elaboraron teorías complejas y métodos sistemáticos para responderla.
Yo creo que no hace falta tanto para conocer el mundo. Los griegos hablaban de conocimiento abstracto y teórico (theorèin), de conocimiento práctico (pràxis), el conocimiento productor y técnico (tekné) y el conocimiento creador (póiesis).
De este último me quiero ocupar porque es el que ha sido menoscabado en la historia del pensamiento.
La creatividad está banalizada en hacer simples manualidades, cuando, en realidad, es la creación en su totalidad, es toda la potencia y las posibilidades que tenemos.
Lo creativo es simplemente la novedad que hace que el mundo que nos rodea sea apropiado, que nos hace dueños de nuestro microcosmos. La creatividad es lo nuevo que surge de lo ya existente, la creatividad somos nosotros mismos saliendo al mundo, modificándolo.
Lo novedoso es temido porque desestructura, porque es difícil de comprender, porque nos obliga a abrir la cabeza.
Seamos creativos en nuestro trabajo, en nuestras relaciones. Hagamos nuestro el mundo, hagamos uno nuevo con el que ya existe, esa es la máxima creatividad.
El conociemiento poético, el conocimiento creativo, no sólo conoce el mundo, crea nuevos, los modifica, los hace más humanos y más dignos de vivirse.
Yo creo que no hace falta tanto para conocer el mundo. Los griegos hablaban de conocimiento abstracto y teórico (theorèin), de conocimiento práctico (pràxis), el conocimiento productor y técnico (tekné) y el conocimiento creador (póiesis).
De este último me quiero ocupar porque es el que ha sido menoscabado en la historia del pensamiento.
La creatividad está banalizada en hacer simples manualidades, cuando, en realidad, es la creación en su totalidad, es toda la potencia y las posibilidades que tenemos.
Lo creativo es simplemente la novedad que hace que el mundo que nos rodea sea apropiado, que nos hace dueños de nuestro microcosmos. La creatividad es lo nuevo que surge de lo ya existente, la creatividad somos nosotros mismos saliendo al mundo, modificándolo.
Lo novedoso es temido porque desestructura, porque es difícil de comprender, porque nos obliga a abrir la cabeza.
Seamos creativos en nuestro trabajo, en nuestras relaciones. Hagamos nuestro el mundo, hagamos uno nuevo con el que ya existe, esa es la máxima creatividad.
El conociemiento poético, el conocimiento creativo, no sólo conoce el mundo, crea nuevos, los modifica, los hace más humanos y más dignos de vivirse.
jueves, 18 de septiembre de 2008
Amor y Libertad
Nuestra libertad no es simplemente estar libre de condicionamientos, de obstáculos. Si así fuera, sería algo pasivo y neutro y nada más esclavizante. La libertad es un principio activo, es un facultad para salir de nosotros y cambiar el mundo, aunque sea pequeño el cambio, definitivamente es un mundo nuevo, distinto.
También nuestra libertad se ejerce en la relación con las personas, esta libertad que nos hace comunidad, nos hace seres sociales, forma parte de nuestro ser personas y no puede ser cercenada porque dejaríamos de ser nosotros.
Y acá el amor cumple un papel fundamental. Es el amor en todas sus dimensiones lo que plenifica la libertad, puesto que hace de nuestras relaciones verdaderamente trascendentes y relevantes, fundamentales para nuestra vida.
Y sólo la libertad hace posible el amor. Si, como dije, la libertad es la posibilidad de salir al mundo al encuentro con el otro, sin esa libertad no hay posibilidad de encuentro, no hay relación, no hay vida.
Sin libertad no hay amor. Sin amor nuestra libertad es nada.
También nuestra libertad se ejerce en la relación con las personas, esta libertad que nos hace comunidad, nos hace seres sociales, forma parte de nuestro ser personas y no puede ser cercenada porque dejaríamos de ser nosotros.
Y acá el amor cumple un papel fundamental. Es el amor en todas sus dimensiones lo que plenifica la libertad, puesto que hace de nuestras relaciones verdaderamente trascendentes y relevantes, fundamentales para nuestra vida.
Y sólo la libertad hace posible el amor. Si, como dije, la libertad es la posibilidad de salir al mundo al encuentro con el otro, sin esa libertad no hay posibilidad de encuentro, no hay relación, no hay vida.
Sin libertad no hay amor. Sin amor nuestra libertad es nada.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Ser o no ser (tener)
Nuestros objetivos suelen ser la posesión de ciertas cosas: un título, una casa, un celular que tenga hasta cepillo de dientes, una cuenta bancaria de, al menos, cuatro ceros... Incluso tener una familia. Tener, al parecer, es la clave de la felicidad.
Tener. Se ha dicho mucho que esta es la época del tener y no la del ser. Y es cierto. El principal problema de la sociedad en la que vivimos deriva de la producción en masa, que, a su vez, es uno de los pilares del capitalismo. La acumulación necesita producción en masa, la producción en masa necesita consumo en masa. Resultado: una sociedad consumista, rehén de la publicidad que nos genera necesitades inexistentes y del desplazamiento del sentido de la vida desde el "ser personas" a "tener bienes".
Computadoras, celulares, ropa, etc. Todo tenemos. Nada somos. El ser de las personas es lo que le da sentido a la vida, ser lo que somos es el camino a ser felices. No hay otro secreto. El ser es ser con otros (dice un filósofo), y el principal peligro es que, incluso, las relaciones interpersonales, ¡las personas mismas! se han vuelto objetos que consumimos. Las personas son objetos intercambiables, es lo mismo estar con tal o cual, siempre y cuando la pase bien y sea beneficioso para mi. Esto hace imposible aguantarnos algo que nos molesta de una persona, a medida que se hace difícil, la descartamos y buscamos otra. ¡Consumimos hasta los vínculos!
Seamos nosotros, que significa ser con otros, ser empáticamente con otros.
Seamos.
Tener. Se ha dicho mucho que esta es la época del tener y no la del ser. Y es cierto. El principal problema de la sociedad en la que vivimos deriva de la producción en masa, que, a su vez, es uno de los pilares del capitalismo. La acumulación necesita producción en masa, la producción en masa necesita consumo en masa. Resultado: una sociedad consumista, rehén de la publicidad que nos genera necesitades inexistentes y del desplazamiento del sentido de la vida desde el "ser personas" a "tener bienes".
Computadoras, celulares, ropa, etc. Todo tenemos. Nada somos. El ser de las personas es lo que le da sentido a la vida, ser lo que somos es el camino a ser felices. No hay otro secreto. El ser es ser con otros (dice un filósofo), y el principal peligro es que, incluso, las relaciones interpersonales, ¡las personas mismas! se han vuelto objetos que consumimos. Las personas son objetos intercambiables, es lo mismo estar con tal o cual, siempre y cuando la pase bien y sea beneficioso para mi. Esto hace imposible aguantarnos algo que nos molesta de una persona, a medida que se hace difícil, la descartamos y buscamos otra. ¡Consumimos hasta los vínculos!
Seamos nosotros, que significa ser con otros, ser empáticamente con otros.
Seamos.
martes, 2 de septiembre de 2008
Tal cual somos
Un amigo me dijo que el arte nos expresa tal cual somos. Obviamente eso es bienvenido siendo un artista el autor del comentario. Creo que tiene razón, el arte expresa, quizás más cabalmente que cualquiera de los inventos humanos, lo más profundo, lo más hondo.
He dicho que el arte es un invento humano... ¿lo es? No quiero meter a los dioses en esto, pero desconfío de la inventiva genial de la humanidad en pos de una concepción del arte como autocomprensión misma del hombre. Soy un ignorante en la materia, pero no concibo la posibilidad de que algo sea capaz de producir otra cosa que lo supere y que lo realce, que lo recree tan maravillosamente como el arte hace con el ser humano.
El arte como expresión. Si me permiten los artistas, el arte como recreador del artista mismo, de la humanidad en cuanto artista, en cuanto creadora de humanidad.
De todas las artes, la que más admiro es la música, la más sublime y, sobre todo, la más inefable en las lenguas humanas. De ahí que le atribuya el carácter de lenguaje: expresa, recrea, vive las cuestiones humanas más profundas, transvasa y articula experiencias que no tienen equivalentes en vocablos, figuras, signos.
Nada nos conmueve más que la música. Nada, sino la música, tiene la capacidad de estremecernos, enaltecernos, exaltarnos, enriquecernos, aturdirnos...
Con todo esto, creo la música atestigua la divinidad, pero eso será tema en otra ocasión. Por ahora, felices los músicos, los más humanos entre los hombres y las mujeres.
He dicho que el arte es un invento humano... ¿lo es? No quiero meter a los dioses en esto, pero desconfío de la inventiva genial de la humanidad en pos de una concepción del arte como autocomprensión misma del hombre. Soy un ignorante en la materia, pero no concibo la posibilidad de que algo sea capaz de producir otra cosa que lo supere y que lo realce, que lo recree tan maravillosamente como el arte hace con el ser humano.
El arte como expresión. Si me permiten los artistas, el arte como recreador del artista mismo, de la humanidad en cuanto artista, en cuanto creadora de humanidad.
De todas las artes, la que más admiro es la música, la más sublime y, sobre todo, la más inefable en las lenguas humanas. De ahí que le atribuya el carácter de lenguaje: expresa, recrea, vive las cuestiones humanas más profundas, transvasa y articula experiencias que no tienen equivalentes en vocablos, figuras, signos.
Nada nos conmueve más que la música. Nada, sino la música, tiene la capacidad de estremecernos, enaltecernos, exaltarnos, enriquecernos, aturdirnos...
Con todo esto, creo la música atestigua la divinidad, pero eso será tema en otra ocasión. Por ahora, felices los músicos, los más humanos entre los hombres y las mujeres.
sábado, 30 de agosto de 2008
Con el pecho abierto...
Si debe doler, que duela. Cuán fácil es anestesiarnos, evadir, caminar por inercia y errantes, con la única certeza de que se camina en un desfile de cadáveres en vigilia, sosegados sólamente por la gloria transitoria del éxito laboral, amoroso, académico. No mis hermanos, eso es narcotizarnos y no encarnar el dolor. Si debe doler, que duela hasta más no poder, sólo así se purifica la elección que tomamos, sólo si agotamos el sufrimiento del fracaso podemos regocijarnos en la decisión que hicimos nuestra.
En otras palabras, si nos equivocamos, asumamos las consecuencias hasta límites lacerantes; sólo así perderemos de vista el mero concepto de "error" y valoraremos lo que habremos vivido, la maravilla del tiempo compartido, los espacios sacralizados, la música que nos ha invadido y nos ha hecho uno...
Sólo si esto ocurre podremos ver el significado oculto de la vida: advertiremos que fue un milagro que nos ha plenificado y que se ha apagado con la fuerza de su propia llama.
Este milagro invalida toda concepción de equivocación porque, a pesar de ser finito, a pesar de concluir, hace que, de poder elegirlo, lo haríamos en infinidad de ocasiones.
No nos arrepintamos de las opciones que nos han llevado al fracaso, arrepintámonos de no haberlas elegido siempre.
En otras palabras, si nos equivocamos, asumamos las consecuencias hasta límites lacerantes; sólo así perderemos de vista el mero concepto de "error" y valoraremos lo que habremos vivido, la maravilla del tiempo compartido, los espacios sacralizados, la música que nos ha invadido y nos ha hecho uno...
Sólo si esto ocurre podremos ver el significado oculto de la vida: advertiremos que fue un milagro que nos ha plenificado y que se ha apagado con la fuerza de su propia llama.
Este milagro invalida toda concepción de equivocación porque, a pesar de ser finito, a pesar de concluir, hace que, de poder elegirlo, lo haríamos en infinidad de ocasiones.
No nos arrepintamos de las opciones que nos han llevado al fracaso, arrepintámonos de no haberlas elegido siempre.
miércoles, 27 de agosto de 2008
Hic et nunc
Aquí y ahora. Siempre pensé que lo que nos constituía era la memoria, el conjunto de experiencias pasadas que, relación algebraica mediante, desembocaba en nuestro existir. Más allá de que sigo sosteniendo lo mismo, y afirmando que el futuro sólo es morada de nuestras utopías (la posibilidad de ser lo que queremos ser), creo que nuestro existir es, ante todo, aquí y ahora. Aquí y ahora es cuando se desarrolla nuestra vida, cuando la apostamos en cada decisión. Sin avalar el juego, creo que deberíamos experimentar lo que siente un jugador cuando apuesta todo lo que tiene, cuando intuye y decide, cuando piensa, planifica, pero vive.
Apostar la vida. Aquí y ahora. Sólo la vida apostada merece ser vivida, sólo la vida intensa, jugada, y, sobre todo, la vida incierta, la vida improbable, la vida desconocida merece ser vivida. No podemos negar quienes somos, no podemos negar nuestra vida. Por eso, apostémosla, arriesguémosla en la incertidumbre y tomemos las decisiones que nos paralizan.
Aquí y ahora. Donde convergen pasado, presente y futuro, donde las decisiones y la libertad se ponen en juego, y donde el premio es la vida misma, pero mucho más plena, mucho más intensa, y mucho más nuestra...
Alguien me dijo que en el teatro no hay segundas tomas. En la vida tampoco, por eso no cabe otra cosa que vivirla con la intensidad de lo incierto.
Apostar la vida. Aquí y ahora. Sólo la vida apostada merece ser vivida, sólo la vida intensa, jugada, y, sobre todo, la vida incierta, la vida improbable, la vida desconocida merece ser vivida. No podemos negar quienes somos, no podemos negar nuestra vida. Por eso, apostémosla, arriesguémosla en la incertidumbre y tomemos las decisiones que nos paralizan.
Aquí y ahora. Donde convergen pasado, presente y futuro, donde las decisiones y la libertad se ponen en juego, y donde el premio es la vida misma, pero mucho más plena, mucho más intensa, y mucho más nuestra...
Alguien me dijo que en el teatro no hay segundas tomas. En la vida tampoco, por eso no cabe otra cosa que vivirla con la intensidad de lo incierto.
domingo, 24 de agosto de 2008
¿Qué es real?
No existe nada terminado. Hace no mucho tiempo pensaba que la realidad era unívoca, qué sólo bastaba un itinerario de lectura que, vasto pero finito, saciaría mi avidez por conocer el mundo. Al acometerme a la tarea, al entregarme a la tersitud de mis libros, empecé a pensar. Pensando, pensaba que debía pensar más. Y más.
Con el pensamiento socavaba en la realidad, moría la idea de la realidad y abría la puerta a realidades paralelas, divergentes, contradictorias. No sólo me percaté del error de saber que no existe algo real como convencionalmente creemos, sumidos en la felonía de la sociedad opulenta y engañados por los hábitos de consumo, sino que la misma realidad nombrada y consagrada es una de tantas posibles...
Quienes quieran ver acá una reseña del relativismo y de la doctrina new age véanlo, pero sólo es un intento por mitigar los pensamientos absolutos y el consiguiente autoritarismo...
Con el pensamiento socavaba en la realidad, moría la idea de la realidad y abría la puerta a realidades paralelas, divergentes, contradictorias. No sólo me percaté del error de saber que no existe algo real como convencionalmente creemos, sumidos en la felonía de la sociedad opulenta y engañados por los hábitos de consumo, sino que la misma realidad nombrada y consagrada es una de tantas posibles...
Quienes quieran ver acá una reseña del relativismo y de la doctrina new age véanlo, pero sólo es un intento por mitigar los pensamientos absolutos y el consiguiente autoritarismo...
viernes, 22 de agosto de 2008
La primera vez...
Todo llega... Esto no es otra cosa que un desafío a mi constancia. La idea de publicar algo periódicamente, con cierta coherencia, es un escollo a mi habitual pereza para escribir... Los que me conocen saben que pienso y pienso... A diferencia de cuando era adolescente, no suelo escribir lo que reflexiono o lo que trascurre en derredor mío... Esperemos que pueda hacerse acá, por el bien de mi psiquis esquizoide...
Siempre hay una primera vez... ¡Adagio trilladísimo! Bueno, esta es la primera vez que escribo para que otros lean, supongo que ese es el sentido llano de todo blog.
Creo que los aburriré, pero ya estoy acostumbrado a eso. "Que fluya" he repetido y me han repetido... Esa es la idea.
Siempre hay una primera vez... ¡Adagio trilladísimo! Bueno, esta es la primera vez que escribo para que otros lean, supongo que ese es el sentido llano de todo blog.
Creo que los aburriré, pero ya estoy acostumbrado a eso. "Que fluya" he repetido y me han repetido... Esa es la idea.
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