martes, 20 de octubre de 2009

Protesta social

Pocas cosas son tan democráticas como las posibilidad de manifestación pública. Como la asociación por el reclamo, como la resistencia pacífica, como el grito que prorrumpe ante la injusticia de una pseudo democracia que no es sino la fachada angelical de la demoníaca tiranía del corporativismo internacional, en alianza con las burguesías locales que preservan su posición a costa del pueblo. Ambos parásitos del pueblo.

Protesto contra la criminalización de la protesta. El individualismo ha minado hasta nuestra concepción de justicia: los derechos son siempre individuales, mi libertad termina cuando empieza del otro y comienza cuando otro otro lo permite. No existe solidaridad sino restricción, no existe libertad sino condicionamientos, millones de adversarios de mi lucro personal. Todos tenemos derecho de ir a trabajar, tenemos la necesidad de llegar a casa, de usar el espacio público, pero, sin dudas, los derechos de todos son más importantes que los derechos de cada uno. Seguramente me tildarán de comunista, violento y todos los epítetos que aquellos que creen que los otros son mis enemigos en lugar de mis hermanos suelen utilizar en estos casos.
Pero digo: pensemos en el otro como nosotros, pensemos que cada despido, cada violación de derechos (y mucho más si esos derechos son fundamentales y humanos como la expresión) es una violacion a nuestra propia condición de ciudadanos y personas.
La concepción individualista de la libertad no libera, nos sume en una guerra por la supervivencia donde me puedo valer de absolutamente todo para eliminar a quél lobo que amenaza mi existencia.

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