Todo el mundo sabe que el presidente de los Estados Unidos ha sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz, ingresando a una lista integrada por Adolfo Pérez Esquivel, Rigoberta Menchú, Lech Walesa, Martin Luther King, Teresa de Calcuta... Todo el mundo sabe que los Estados Unidos son responsables de genocidios a lo largo y a lo ancho de la tierra y de la historia.
El presidente Obama no ha movido un dedo para levantar el devastador embargo contra Cuba, ha enviado más tropas a Irak y a Afganistán la misma semana de su designación, se propone levantar cinco bases militares en territorio colombiano, ha insistido en la instauración del liberalismo económico con los tratados de libre comercio que han devastado las economías industriales latinoamericanas...
La paz es mucho más que ese premio, que ha perdido toda credibilidad. La paz, hermanos, no es simplemente la no-guerra, la paz es la búsqueda de la justicia y la igualdad entre todos los seres humanos, es la opción por los excluidos, por los que ni siquiera se sabe que existen. La paz es poner delante a los que tipos como Obama ponen detrás.
¿Premio Nobel de la Paz? Si no fuera por los hombres y las mujeres que he nombrado arriba y tantos otros veraderos paladines de la paz, escupiría en ese nombre...
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