Ningún argentino (y me animo a decir hispanoparlante) puede morirse sin leer a Quino, especialmente en "Mafalda".
La profundidad y vigencia de sus viñetas son apabullantes, debería dedicar un blog entero a ello, no sólo una entrada. Pero con las disculpas pertinentes a don Joaquín Lavado, me limito a mencionar los modelos de mujer que pueden aventurarse detrás de Mafalda y Susanita, lo que él mismo ha profundizado y que yo sólo menciono, consciente de mi herejía.
Susanita es totalmente pasiva, busca que el mundo se le venga, marido incluido. Casarse, tener hijos y ser feliz. Y dejar pasar la vida, sin otra preocupación que sus hijos y su marido y, con el tiempo, los nietos. Feliz como una buena y celosa madre.
Mafalda se encuentra con el mundo porque sale a buscarlo, su curiosidad y asombro marcan su vida, la indignación y la incertidumbre, la resistencia, la rebeldía, la inocencia que grita. Más idealista aún que Libertad, más adulta que Felipe, más inocente que Miguelito. Pero todo una mujer: la que no se calla, la que lucha, la que piensa, la que es ella misma y no reproduce estereotipos de género, la que se crea su vida y busca ser cada vez más ella y más justa. La que siente, la que ruega, la que cree que el mundo puede salvarse, la mira más allá de sus propios ojos.
Susanita no quiere otra cosa que trasnscurrir. Se siente realizada con sólo tener hijos, su aporte a la humanidad es la continuidad de la especie: todas las féminas animales hacen lo mismo. Su felicidad es aceptar lo dado.
Mafalda quiere vivir. No hacer el mundo según sus ganas, sino modificarlo, hacerlo más equitativo y pacífico, pensando por sí misma, independiente y pujante. Sin dudas la humanidad le debe más a Mafalda que a Susanita.
Nadie debe pasar por el mundo sólo transcurriendo. Los hombres y las mujeres estamos convocados a crear mundos más justos antes que reproducir la injusticia actual. Sólo podemos ser felices en la medida que luchamos contra la corriente de inequidad y de deshumanización. Necesitamos más Mafaldas que impidan a la humanidad autodestruirse. Somos nosotros los únicos responsables de las calamidades de la Tierra. Y también de la posibilidad de solucionarlas, sólo debemos dejar de reproducir el mundo como Susanita y gritar de rebeldía como Mafalda.
Hoy ella tiene 47 años, seguramente no dejó que la vida la cambie, sino que ella cambió (eligió) cada segundo de su vida.
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