martes, 21 de septiembre de 2010

Libros, vinos, mates...

Encuentro pocas experiencias que me hagan el que quiero ser y a la vez me hagan entrar en comunión con otros de la misma manera. Les pido perdón porque creo que esta entrada va a ser sobre mí, quizás prescindiendo de la filosofía o no, se verá.

He hablado ya sobre la lectura, sobre la fascinación de la fantasía, de la ficción que no pretende ser realidad. La literatura es arte que debe ser buscado por sí mismo. Cuando leo me autoafirmo en lo que sé, en lo que ignoro, pero también se caen viejos prejuicios, antiguas cadenas. Leer es una de las mayores experiencias de libertad que he sentido. La imaginación, la posiblidad de crear y recrear, de volver a ser, de tener todo potencialidad, del mero pasar del tiempo. No busco otra cosa en la lectura que la lectura misma y eso que genera en mí: el regocijo, la comunión con mis miserias y mis virtudes, pero también la comunión con un otro que no se limita al autor sino que aparece cada vez que, en una conversación re-creamos un libro. Conversar sobre literatura nos hace más libres a todos. Repito, es el encuentro de libertades.

El vino es la celebración de la libertad. Cuando la alegría nos inunda, un vino tinto es más que oportuno para celebrar(nos). Siempre que haya vino, habrá vida y vida celebrada. La alegría, la fiesta, la sacralidad del momento, ese momento distinto, separado de lo cotidiano, que nos rebalsa y resignifica todos los demás momentos. El momento oportuno, donde soy más yo, pero, curiosamente, somos más nosotros aún. El vino representa la celebración de la comunidad donde me encuentro como persona.

La comunidad vivida es el mate. Los argentinos tenemos la gloriosa costumbre de compartir el mate, de hacerlo en ronda, de a dos: amantes, amigos, familia. El mate expresa mejor que nada la unión de las personas, el místico y concretísimo momento de intimidad. Definitivamente no podemos ser uno sin el otro. La profundidad del mate marca nuestras relaciones. Cuando tomo mate con alguien no sólo estamos comulgando en un rito tradicional, me estoy dando íntimamente.

Quizás les parezca un tanto forzada la reflexión pero me di cuenta que estas tres cosas muy mías me ponían en contacto con otros de manera tan profunda que no podía dejar de decir que no encuentro manera más simbólica de darme que un libro, un vino y un mate.

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