María Zambrano escribió un libro homónimo de esta entrada; como es de preveerse, se encontrarán sus influjos acá. Mi admiración a tal obra me ha llevado a tomar sus ideas, espero no superar el límite del plagio.
El poeta es el que se apodera de las cosas, de las sensaciones. Observa el mundo con las plantas en la tierra, se queda en cada color, textura, sonido, aroma, sabor... Busca la peculiaridad, lo irrepetible en cada cosa, no existen categorías, esencias, nada salvo la cosa que se le presenta y lo sume en la experiencia. Es, precisamente, la experiencia de las cosas lo que caracteriza al poeta. El poeta recuerda cada cosa, quizás el mejor poeta sea Funes, el personaje de Borges.
Funes no podía olvidar el movimiento de las hojas, la posición de las nubes, la distribución exacta de cada grano de arena, en cada segundo, en cada desierto. El poeta es el paladín de la individualidad (que no es individualismo) y el receptor del mundo: encuentra el milagro en cada cosa, en lo pequeño; transforma lo trivial en fundamental.
El filósofo busca la síntesis, ante todo lo común en las cosas: su origen y su destino; se esfuerza por separarse del mundo sin salir de él. La filosofía se adentra en lo profundo, no se queda en lo superficial, en lo sensible. Busca el por qué, el sentido de lo que se encuentra del mundo. También es un enamorado de lo que percibe, pero en lugar de contemplarlo sin más, lo observa minuciosamente, lo analiza y comunica su beldad. Arcaica comparación, pero el filósofo es el árbol, cuyas raíces y ramas se adentran en lo profundo y tocan el cielo: lo más hondo y lo más elevado, quizás el cielo y el infierno de las cosas.
Los dos comunican: el uno desde el lirismo de la contemplación y la exhuberancia del mundo con las formas que su estirpe ha elaborado con los siglos o con el simple fluir de su percepción y su sensación, el del adjetivo; el otro es el de la pluma ágil, filosa, deconstructiva y constructiva, el de la palabra exacta, la mirada aguda, el del sustantivo.
Los dos son el verbo humano, y sobre todo el verbo crear. Son los creadores por naturaleza: el poeta hace el mundo que el filósofo piensa; el filósofo concibe el mundo que el poeta canta...
He sido ambos. Encuentro en mí, alternados (y curiosamente nunca juntos), al poeta y al filósofo.
Comúnmente se los banaliza en romanticismo y en pedantería, en trivialidad y en sensibilidad absurda. La imagen del poeta es la del romanticón iluso; la del filósofo, la del volátil cuyos pies distan de la superficie terrestre tanto como su cabeza de la realidad.
Poetas y filósofos son especies en extinción... Cuando son tan necesarios...
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