domingo, 16 de noviembre de 2008

Intensidad

Creo que la tarea de repensar no es otra que la de vivir. Más bien, indagar si estamos viviendo como queremos o si estamos siendo presos de la vorágine y de la masificación. Es una estupidez pensar que tendremos libertad absoluta e incondicionada, así estaríamos solos en el mundo y no hay peor infierno, salvo la desesperanza.
Pensemos si en verdad somos lo que queremos ser, ese es el significado de la intensidad. Sólo podemos vivir intensamente si maximizamos la experiencia que nos acontece y si nos lanzamos totalmente cuando creamos. En este doble juego de padecer (en el sentido en que el mundo viene sobre nosostros, el pathos griego) y hacer nos producimos, surgimos, florecemos en el ser-nosotros.
Sólo la intensidad nos saca del absurdo del dolor. Precisamente, cuando la angustia inunda (o en el peor de los casos, se contiene) es la intensidad la que nos da cuenta de la vida que estamos viviendo. Y creo que (optimismo mediante para algunos) la Vida tiene la gloria de la satisfacción a pesar del dolor. En otras palabras, aún si algo nos hiere en lo profundo, con la intensidad que todos hemos experimentado, es el hecho de sentirnos vivos y de vivir lo que nos obliga a salir al mundo, a conquistar esa vida que padecemos, a volver a sentir la intensidad del hacer, pero sobre todo la del ser-nosotros.
El dolor intenso nos hace padecer la Vida, y nos empuja a la Vida, a su gloria, la nuestra.

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